Capítulo 2
LEYENDA: GoN - Pau
- ¡Laila16 preséntese inmediatamente ante el sargento Thomson! – anunció la megafonía.
- Otra vez no – murmuró con tono de preocupación.
Era la tercera vez que le llamaban al orden esa semana, pero aquel día no tenía claro por qué. Había tantas opciones por las cuáles uno podía ser arrestado…
Laila16 era un pseudoser de rango 8, un SveNziger, de pelo amarillo-pollo fluorescente, y de antenas color turquesa. Su especie estaba destinada a la práctica pero odiosa esclavitud.
Una jerarquía estrictamente establecida servía de organización social en el universo. En la cima de la pirámide estaba situada la raza G2734, de ridícula estatura, pero magnífica inteligencia. Los G2734sianos gobernaban el universo apoyándose sobre otras siete razas Pacificadoras, nombre que adoptaron tras la formación de la coalición intergaláctica. Cada una de ellas realizaba una función determinada bajo las órdenes de su estrictamente superior. Así, los Pacificadores I se encargaban de acabar con los delitos menores, como violencia planetaria interna o saqueos a pequeñas colonias, siguiendo las instrucciones que recibían de los Pacificadores II. De esta manera se distribuían las tareas necesarias para controlar la inmensidad del universo.
Este sistema surgió como respuesta al caos que reinaba en la mayoría de los planetas desarrollados, en donde la única manera de sobrevivir era uniéndose a un clan o siendo productor de cebolla al por mayor. En medio de esta situación, los G2734sianos se jugaron el universo a una UNICA partida de mus, a sabiendas de sus dotes en el juego. Para esta tarea, solo podían elegir al mejor, por lo que PAM (el Puto Amo del Mus) era el candidato perfecto. De él dependía que la raza G2734 dominara el universo.
Un chico tímido, callado y de ingente ambición, que había perdido solo una partida de cartas en su vida, por razones desconocidas.
Tras ganar el juego, estos seres se dedicaron a reunir varios ejércitos (los futuros pacificadores) que fueron tomando el control y “pacificando” con un ímpetu brioso, propio de las milicias, todos los planetas a los que iban llegando. Como todo gobierno impuesto por la fuerza, éste era totalitario y despótico. Su tiranía había hecho de la vida un infierno.
Ser de rango 8 le resultaba deprimente. Significaba que de cada mil individuos, Laila era considerado inferior a 992, lo que significaba que solo estaba por encima de algunos organismos unicelulares (que no todos) y de algunos hongos desconocidos. Si hubiera un incendio y se quedara atrapado con un Bonsái, es muy probable que la pequeña planta japonesa fuera rescatada primero.
Oteó a lo lejos la figura del sargento, sólo, en el centro del enorme campo de entrenamiento. Sus escamas centelleaban bajo el sol cálido de la mañana. Impresionaba aún a tanta distancia.
Aterrorizado, fue repasando los motivos que le podían haber llevado a esa situación y rezaba porque no fuera el peor de ellos.
- No puede ser, nadie me vio, fue un accidente… - mascullaba.
El pequeño general Low había entrado a las letrinas para hacer… lo que se suele hacer en las letrinas, con la mala suerte de acceder a ellas en el mismo instante en el que Laila16 salía.
De todos era sabido que Laila era algo torpe y despistado, pero nadie se habría imaginado que su estupidez pudiera llevarle a pisar y aplastar accidentalmente al nimio Low y a tenerlo pegado a la planta de su peludo pie derecho durante horas, hasta bien entrada la noche, cuando con la intención de lavarse sus repugnantes pezuñas, lo halló enredado entre los pelillos ondulados. Low estaba aplastado, con la boca abierta, repleta de vellosidades, denotando las intenciones fallidas de gritar a su agresor. ¿Murió aplastado o quizás ahogado por lana rizada amarilla-pollo? Incógnita indescifrable que rodeará para siempre la trágica defunción del general. Pero lo que seguro que nadie podría concebir, si quiera sugerir, es que, al darse cuenta del terrible accidente, sería capaz de despegarlo cual chicle usado y de tirarlo al incinerador de residuos de su barracón.
Esta reminiscencia le trajo a su memoria otra peripecia, ocurrida la primavera pasada, haciéndole sonreír unos instantes. Era época de puesta de huevos SveNziger, cuando unos cuantos individuos cayeron “accidentalmente” en el triturador de basuras. Pero esa era otra historia de la que ya habían culpado a otros, por lo que no tenía que inquietarse. “¡Qué primavera mas buena!”, pensó, “medio barracón acabó troceado. Las hormonas que se vuelven locas en la temporada de cría.” La sonrisa se desvaneció de su cara al vislumbrar de nuevo al radiante Thomson.
Avanzó con paso lastimoso hasta estar frente al sargento. Saludó con gesto firme pero manos temblorosas, mientras intentaba esgrimir un plan para librarse de una muerte segura.
- Laila16 ¿En qué estaba pensando pedazo de bola rellena de mier…?
- Esto, yo no quería – le interrumpió – F..fue un accidente, s…señor. Fue culpa de mi compañero, yo no quería pisarlo… - balbuceó a punto de desfallecer.
