martes, mayo 23, 2006

Capítulo 2

LEYENDA: GoN - Pau

- ¡Laila16 preséntese inmediatamente ante el sargento Thomson! – anunció la megafonía.
- Otra vez no – murmuró con tono de preocupación.
Era la tercera vez que le llamaban al orden esa semana, pero aquel día no tenía claro por qué. Había tantas opciones por las cuáles uno podía ser arrestado…

Laila16 era un pseudoser de rango 8, un SveNziger, de pelo amarillo-pollo fluorescente, y de antenas color turquesa. Su especie estaba destinada a la práctica pero odiosa esclavitud.

Una jerarquía estrictamente establecida servía de organización social en el universo. En la cima de la pirámide estaba situada la raza G2734, de ridícula estatura, pero magnífica inteligencia. Los G2734sianos gobernaban el universo apoyándose sobre otras siete razas Pacificadoras, nombre que adoptaron tras la formación de la coalición intergaláctica. Cada una de ellas realizaba una función determinada bajo las órdenes de su estrictamente superior. Así, los Pacificadores I se encargaban de acabar con los delitos menores, como violencia planetaria interna o saqueos a pequeñas colonias, siguiendo las instrucciones que recibían de los Pacificadores II. De esta manera se distribuían las tareas necesarias para controlar la inmensidad del universo.

Este sistema surgió como respuesta al caos que reinaba en la mayoría de los planetas desarrollados, en donde la única manera de sobrevivir era uniéndose a un clan
o siendo productor de cebolla al por mayor. En medio de esta situación, los G2734sianos se jugaron el universo a una UNICA partida de mus, a sabiendas de sus dotes en el juego. Para esta tarea, solo podían elegir al mejor, por lo que PAM (el Puto Amo del Mus) era el candidato perfecto. De él dependía que la raza G2734 dominara el universo.
Un chico tímido, callado y de ingente ambición, que había perdido solo una partida de cartas en su vida, por razones desconocidas.

Tras ganar el juego, estos seres se dedicaron a reunir varios ejércitos (los futuros pacificadores) que fueron tomando el control y “pacificando” con un ímpetu brioso, propio de las milicias, todos los planetas a los que iban llegando. Como todo gobierno impuesto por la fuerza, éste era totalitario y despótico. Su tiranía había hecho de la vida un infierno.

Ser de rango 8 le resultaba deprimente. Significaba que de cada mil individuos, Laila era considerado inferior a 992, lo que significaba que solo estaba por encima de algunos organismos unicelulares (que no todos) y de algunos hongos desconocidos. Si hubiera un incendio y se quedara atrapado con un Bonsái, es muy probable que la pequeña planta japonesa fuera rescatada primero.

Oteó a lo lejos la figura del sargento, sólo, en el centro del enorme campo de entrenamiento. Sus escamas centelleaban bajo el sol cálido de la mañana. Impresionaba aún a tanta distancia.

Aterrorizado, fue repasando los motivos que le podían haber llevado a esa situación y rezaba porque no fuera el peor de ellos.

- No puede ser, nadie me vio, fue un accidente… - mascullaba.

El pequeño general Low había entrado a las letrinas para hacer… lo que se suele hacer en las letrinas, con la mala suerte de acceder a ellas en el mismo instante en el que Laila16 salía.

De todos era sabido que Laila era algo torpe y despistado, pero nadie se habría imaginado que su estupidez pudiera llevarle a pisar y aplastar accidentalmente al nimio Low y a tenerlo pegado a la planta de su peludo pie derecho durante horas, hasta bien entrada la noche, cuando con la intención de lavarse sus repugnantes pezuñas, lo halló enredado entre los pelillos ondulados. Low estaba aplastado, con la boca abierta, repleta de vellosidades, denotando las intenciones fallidas de gritar a su agresor. ¿Murió aplastado o quizás ahogado por lana rizada amarilla-pollo? Incógnita indescifrable que rodeará para siempre la trágica defunción del general. Pero lo que seguro que nadie podría concebir, si quiera sugerir, es que, al darse cuenta del terrible accidente, sería capaz de despegarlo cual chicle usado y de tirarlo al incinerador de residuos de su barracón.

Esta reminiscencia le trajo a su memoria otra peripecia, ocurrida la primavera pasada, haciéndole sonreír unos instantes. Era época de puesta de huevos SveNziger, cuando unos cuantos individuos cayeron “accidentalmente” en el triturador de basuras. Pero esa era otra historia de la que ya habían culpado a otros, por lo que no tenía que inquietarse. “¡Qué primavera mas buena!”, pensó, “medio barracón acabó troceado. Las hormonas que se vuelven locas en la temporada de cría.” La sonrisa se desvaneció de su cara al vislumbrar de nuevo al radiante Thomson.

Avanzó con paso lastimoso hasta estar frente al sargento. Saludó con gesto firme pero manos temblorosas, mientras intentaba esgrimir un plan para librarse de una muerte segura.

- Laila16 ¿En qué estaba pensando pedazo de bola rellena de mier…?
- Esto, yo no quería – le interrumpió – F..fue un accidente, s…señor. Fue culpa de mi compañero, yo no quería pisarlo… - balbuceó a punto de desfallecer.

miércoles, mayo 17, 2006

Capítulo 1 – Comienza la evasión.

LEYENDA: GoN - Pau

La noche ya había caído en Lostown. Un silencio, roto solo por el aletear de los buitres, se había hecho con sus solitarias y oscuras calles. Por doquier, cadáveres desmembrados. Una masacre.

Cuidadosamente, una sombra se internaba entre los muertos, como pez en el agua. Un trabajo arduo el suyo. Paul era el encargado de recopilar los cuerpos. Debía buscar todos los miembros de cada cadáver, desperdigados por aquel antiguo campo de prisioneros, para ser repatriados a sus respectivos lugares de origen. A eso se dedicaba desde hacía 6 años, cuando se recuperó la esclavitud.

Pero ésta vez no podría mantener la frialdad habitual con la que llevaba a cabo su cometido. Fijó la vista irremediablemente en un rostro, una cara conocida. Una sensación de nausea zarandeó su cuerpo al verla. Ella, que tantas veces había anunciado un futuro apocalíptico, ahora no era más que una cabeza tirada en el suelo.

Sintió un infinito desconsuelo al verla ahí, desmembrada. A su memoria vinieron dulces recuerdos de una época mejor, en la que ambos compartían una complacencia infinita. La verdad es que él ya sabía que era muy probable que Maria hubiera muerto, pero hasta ese momento, en el que vio la testa seccionada, siempre mantuvo cierta esperanza.

Desde la invasión alienígena del 3023, Marte era un infierno…

Paul cogió el rostro de María entre sus manos y le cerró los ojos cuidadosamente. La sangre reseca se adhería a su piel mientras un tierno gusanito asomaba por la boca putrefacta. Paul, impertérrito, dio un último beso a María. Vislumbró la posibilidad de una última sesión de sexo oral y a pesar de que el gusanito le hizo declinarla en un primer momento, finalmente se deshizo de reparos durante unos instantes, haciendo realidad sus deseos.

Tras el acto necrófilo, Paul comenzó a sentir un picor extraño. Un dolor agudo avanzaba por su entrepierna, extendiéndose por todo su cuerpo. Se percató del enorme error que había cometido follándose la cabeza de María ya que si los alienígenas detectaban que había enfermado lo utilizarían como apuesta en una de sus partidas de mus intergalácticas.

Envidar ya no era moco de pavo. Quedaron atrás garbanzos y bolitas de papel, evolucionando a genitales y médulas espinales. Los invasores tenían especial interés en los desmembramientos y disfrutaban manteniendo con vida al humano hasta la definitiva decapitación.

Así que solo quedaba una solución, escapar a la Tierra. Varios problemas tenía el nostálgico pervertido Paul. A parte de estar maltrecho y enfermo, su bici aerodeslizadora no tenía combustible por lo que le urgía encontrar cebollas como fuera para usarlas como carburante. Además tampoco podía prescindir de una botellita de O2 y otra de whisky para el viaje, que en bicicóptero duraría unos mil años, año arriba, año abajo, los cuales debía pasar hibernado.

Pero, ¿qué le esperaría en su llegada? La última vez que estuvo en la Tierra, ésta se había convertido en un caos después de que la luna perdiera el equilibrio precipitándose contra América del Norte. El golpe había sido tal, que la tierra había cambiado su órbita. Ahora tardaba 19 meses en dar la vuelta al sol y las temperaturas habían descendido 170 grados, grado arriba, grado abajo. Hacía un frío de cojones.

Con la entrepierna dormida, Paul se dispuso a buscar un kilito de cebollas. Cavilando, recordó que su amigo “Fresón Salido” travesti habitual y pervertido sin igual, guardaba con cariño una bolsita de cebollinos que le regaló su abuela hacía años. Robar es una palabra muy fea, un pequeño hurto de hortalizas con gran valor sentimental no significaba nada.

Salió del campo de prisioneros apoyándose en las paredes. Las fuerzas escaseaban pero su destino no estaba muy lejos. Cuando llegó a casa de Fresón recordó que a éste le encantaban las entradas traseras y al diseñar su casa lo había plasmado a la perfección. Una puerta siempre abierta con forma de ano gigante parecía invitar a todo que pasara por allí a entrar y echar una “canita al aire”.

Un suave olor a ajo puso en alerta a Paul. Como todo marciano sabía, el ajo, no la cebolla, era el combustible principal de los cyborgs. ¿Qué habían hecho con Fresón? Probablemente la red de mus intergaláctico le había secuestrado. Las cazas aleatorias habían aumentado considerablemente en los últimos meses. En un primer momento pensó en rescatar a su amigo, pero viendo el ano gigante que tenía ante sí, descartó la idea ipsofacto. Un robo de cebollinos congelados debía de ser limpio. Solo restaba entrar en la casa… a través del ano…

Paul, el viajero intergaláctico.

Éste es un proyecto que nace como consecuencia del aburrimiento monumental que producen las clases de programación declarativa. En una de ellas, Paula y yo decidimos empezar a escribir una historia juntos. Pero no coordinándonos para componer un escrito común, sino combinando sus párrafos con los míos. Así, cada uno escribía un trozo de la historia para que el otro continuara. No contentos con eso, decidimos además hacerla lo más absurda posible e intentando plagarla de humor negro. Así nacía Paul, un muchacho cualquiera obsesionado con cabezas (ver capítulo de uno para descubrir las raíces de esa obsesión) que se verá obligado a viajar por todo el universo, encontrando a su paso a toda clase de personajes de lo más variopintos y patéticos. Podréis conocerlo semana a semana, con la publicación de un nuevo capítulo cada miercoles (si es posible).

Y para que podáis comprobar el grado de desviadez de cada uno, escribiremos de distinto color sus fragmentos y los míos (no me preguntéis cuáles son porque yo no los distingo xD).