miércoles, agosto 22, 2007

Capitulo 5 - La Huida.

LA HUIDA.

- ¿De que esta hablando? ¿Pisar el qué?-gritó enojado el sargento.

- Erm, no, eh... ¿Por qué quería verme?-contestó confuso.

- Laila16, me han llegado órdenes muy concisas de arriba. Todos los soldados que sean de una raza inferior a la [p8 ] deben ser ejecutados, mediante el método del garrote. El ejército de pacificadores ha de ser un cuerpo de elite y esas razas no tienen cabida aquí. Le he llamado porque usted es el único que no cumple los requerimientos, así que tenemos que ejecutarle, morirá honorablemente, habiendo servido a sus superiores.

- Pero, ¿Cómo…? ¿Por qué? ¿Por qué no…?-balbuceó Layla16.

- Compréndalo, usted sabe los secretos del cuerpo pacificador, el enemigo podría disponer de información privilegiada valiéndose de miembros no cualificados como usted.

-¿Pero cómo coño lo voy a comprender? ¡Qué me quieren matar, SOCORRO! -se lanzó al sargento Thomson y le propinó una patada voladora giratoria, a lo Chuck Norris(*). Desplegó sus alas retractiles y corrió como si el diablo fuera a la zaga, ya que no podía volar, era una herencia genética de gallina.

No había tiempo que perder, tenía que escapar de allí, pero ¿Cómo? Escondido en el edificio de almacenamiento empezó a elaborar un plan de fuga. Todos los días llegaban varios camiones repletos de alimentos que horas después salían del campamento llenos de cajas vacías. Ese era su pasaporte hacia la libertad. Un plan sencillo y efectivo.

Si, eso era, mataría a todos y escaparía con la nave del capitán, no era eso lo mas lógico? El camión le serviría de bomba y las cajas para meter sus cosas.

Así que comenzó a escribir una lista con sus pertenencias ordenadas alfabéticamente, para después meterlas en cajas por categorías.

-Mmm, Útiles de Aseo…, mmm, Ropa de invierno, Ropa de verano, Música, Huevos de conocidos, Huevos de amigos, Huevos de familiares, Huevos de exnovios/as, Huevos Kinder…- cavilaba Layla16, cuando, repentinamente alguien abrió la puerta que estaba detrás suyo, golpeándole y haciéndole caer dentro de una de las cajas.

-Tal vez, escondiéndome aquí también pueda escapar, es un sistema menos ortodoxo pero también puede valer.

Debía arrancarse el chip (MogollonDeCore Intel) que el ejército le implantó al alistarse en las filas de los Pacificadores.

Escarbó con su pico bajo el pecho, y entre la mata de pelo rizado amarillo pollo encontró un punto calvo. Sin previo aviso, descargó un picotazo en el punto indicado, aunque sin mucho éxito… no era tan flexible, y sin querer, alcanzó sus partes blandas.

“Mierda… tal vez podría usar mi bisturí y mi instrumental quirúrgico que siempre llevo encima…Es menos ortodoxo, pero también puede valer”

Así que se insensibilizo la zona con algo de anestesia y procedió a la extracción del mismo.

“¿Y ahora que hago con el chip? piensa Layla16, piensa…”

Entonces sin saber que hacer, se lo tragó.

“Ouch!! Mierda”

Si lo seguía llevando consigo, saltaría la alarma cuando cruzara la entrada del complejo, así que no le quedaba más remedio que regurgitar el chip. Le resultaba muy desagradable. Era la razón principal por la que abandonaba a sus crías, para no tener que darles de comer.

Una vez tuvo de nuevo el chip en sus manos, (junto con los huevos en salmuera y un par de trozos de queso que había tomado para desayunar) lo lanzo fuera de la caja con fuerza.

Bien preparado para el viaje, decidió que era el momento de meterse en el camión, emulando ser una caja vacía, así que saco su portátil y comenzó a programar el software que salvaría su vida: El emulador de caja vacía, para cuando esta llena.

Así, a pesar de estar dentro, quien trasladara la caja pensaría que estaba desocupada. Mientras tecleaba empezó a sentir un picor leve en sus patas. Apartó un segundo la mirada de la pantalla para ver que producía esa sensación, dándose cuenta de que era una cucaracha que se acomodaba entre sus pelambrera con intención de tomarse un descanso.

Los SvenZiger tenían fobia natural a toda clase de insectos, incluidas las cucarachas. Layla16 empezó a sacudir sus patas violentamente, cacareando, intentando desprenderse del molesto bicho, hasta tal punto que atravesó la base de la caja con una patada.

“Vale, vale, ya me voy. Tampoco hay que ponerse así”-dijo la cucaracha. La selección natural había hecho maravillas con estos insectos.

Con las patas fuera de la caja y el portátil destrozado tras el ataque de pánico, vislumbró la posibilidad de avanzar hasta el camión camuflado en el interior de la caja.

“Es algo menos ortodoxo que mi sistema de emulación pero puede funcionar.”

Había pasado tanto miedo que puso un huevo. Un enorme huevo azul.

“Ovaladito, mas mono.”

“Que momento mas inadecuado para empollar.” pensó Layla16.Si su madre levantara la cabeza de su tumba estaría sumamente avergonzada de sus actos.

Un pensamiento infame paso por su mente.

Un segundo después cometió un horrible crimen. Pero habiendo regurgitado el desayuno, tenía hambre… y le encantaban los huevos. Tenían muchas vitaminas.

Ahora venía lo más complicado. Debía salir del almacén y llegar dentro de su caja hasta uno de los camiones, que estaban a unos 200m, sin que nadie le viera. Sacó una barrena e hizo 2 agujeros en uno de los laterales de la caja para poder ver si el camino estaba despejado.

También podría haber usado su sistema de visión artificial, que formaba imágenes térmicas con resultados en calidad dvd, pero el ruido del aparato lo hubiera delatado (”zzssun”).

Se acercó con sumo cuidado a la puerta y pudo escuchar los mensajes que el sargento Thomson emitía por megafonía.

“Buscar a ese maldito inútil. No dejéis que escape”.

Un escalofrió recorrió todo su cuerpo. Si le encontraban estaba muerto.

Como un ratoncito, pasito a pasito, llego a su destino, y con un salto cayó dentro del camión, justo a tiempo.

“Te encontraré, basura, te perseguiré hasta el fin de tus días. Te arrepentirás!!”

Una y otra vez, Thomson repetía la misma cantinela.

Por su forma de hablar, Layla16 supo que lo haría. Lo buscaría a conciencia.

martes, agosto 29, 2006

Capítulo 3

(Si eres nuevo, empieza a leer desde el capítulo 1.)

Este es un capítulo muy especial para nosotros. A parte de ser el reencuentro con nuestro héroe (después de unas largas, largas vacaciones), hemos hecho que este episodio sea un homenaje a ese gran mito del cine y ejemplo a seguir para cualquier cineasta que se precie, la película de ciencia ficción por excelencia, R.O.T.O.R. que para nosotros es una obra imprescindible (ejemplo:
PICA AQUÍ). Impresiona la facilidad que tiene este título para desencajar mandíbulas. Para dicho homenaje hemos metido (casi con calzador xD) situaciones que son guiños a algunas escenas de la película. Entrando en los "PICA AQUÍ" que hay despues de cada guiño, podreis ver, via youtube, la escena en la que está basado.

LEYENDA: GoN - Pau


Penetró con delicadeza y sigilo, alerta por lo que podría encontrar dentro. La tensión era obvia y se materializaba en forma de vello erizado y transpiración abundante.

¿Cómo no iba a sudar con semejante visión? El pasillo, comenzando por el ano, representaba el órgano sorprendentemente bien. A su alrededor, una carne roseta y húmeda, cargada de pliegues. Una obra maravillosa. La textura del suelo era grasienta y blandita, los pies se hundían en la “carne”. Las mucosidades le rebasaban las rodillas.

Atravesando el colon divisó algo curioso. Un pequeño enano saltarín se acercaba a Paul a gran velocidad, llevando consigo una bandejita sobre la que se posaba un enorme bote de vaselina, que le entregó con una gran sonrisa mientras se presentaba.

-¡Hola hola, soy Peeeter!

Acto seguido, salió disparado hacia la columna más cercana para empezar a realizar extraños movimientos pélvicos contra ella, derivados de una grave enfermedad, columnorastia1 (ver explicación al final del post). Paul se alejó con habilidad, temiendo por su integridad ante semejante engendro.

Cuando se percató de que Peter no era un peligro a pesar de sus convulsiones, avanzó hacía él con cuidado.

-Hola pequeño, ¿qué te pasa?

-¡Hola hola, soy Peeeter! Me gustan cilíndricas, me gustan cúbicas, me gustan cuadradas, me gustan redondas… Azules, verdes o amarillas, ninguna se libra. Peter puede con todas! -cantaba el feliz enanito.

-Parece que no voy a sacar mucho en claro contigo, ¿eh? Vaya un enfermo sexual estás hecho, pájaro.

-Con los dedos de las manos, y los dedos de los pies, con mis co**ones… y mi p*cha todos suman 23!!! Hola ho…-

-¡Vale – le interrumpió – no sigas cansino! Supongo que tu comportamiento puede ser debido a la oleada de fuerza de la aleación de la bandeja de la vaselina…(PICA AQUÍ)

Narrador omnisciente: ¿Pero qué coño dice...? En ocasiones veo chasis de primera calidad…(PICA AQUÍ)

- O quizás lo mató un alecop2 y éste es su cuerpo resucitado - continuó - o tal vez lo dividieron por 10243

Y así pasó horas, nuestro héroe, debatiendo las posibles causas de la memez del tal pequeño engendro.

Se estaba haciendo tarde y Paul cada vez se sentía más enfermo (sensación que se vio incrementada exponencialmente al ver a Peter4), así que avanzó a través del colon hasta entrar definitivamente en la casa, dejando atrás el jamagoso pasillo. El enano juguetón le seguía de cerca. Por cada paso que daba, él realizaba dos laboriosos saltos en los que recorría la misma distancia (pero era tan rápido que le daba tiempo a practicar sexo con alguna columna que se encontrara en el trayecto).

Una vez dentro pudo ver un salón decorado con un estilo refinado y clásico, muy lejos de lo que pensaba encontrar. Las paredes blancas solo veían rota su uniformidad por las tres pantallas táctiles que había repartidas por toda la habitación, una al lado de cada puerta. Deslizó su dedo índice sobre la que estaba a su derecha para encender las luces. Los muebles eran escasos y sobrios. En el centro se podía observar un enorme sofá de piel blanco, posando sobre unos metros de moqueta también blanca. Dentro de la pared, como si de una piedra engarzada se tratara, había un proyector que disparaba haces de luz que tomaban forma al entrar en contacto con el techo. Allí se observaba como esos rayos se convertían en imágenes relajantes, como ondas expandiéndose sobre el agua o árboles agitados por el viento. Conseguían crear una atmósfera realmente intimista.

Instantes después de que su dedo entrara en contacto con la pantalla se encendió una luz rojiza tenue y empezó a sonar una música que parecía decir “wai em si em!” (no estaba seguro de lo que era). Entonces se abrió una puerta y de ella salieron tres chicos musculosos semidesnudos. No pudo evitar pensar que tenían unas nalgas preciosas (aunque nunca estarían a la altura de una buena cabeza).

Al parecer, la tarea de robar los cebollinos no era tan fácil.

Los musculosos adonis se iban acercando lentamente a Paul. La escena era grotesca. Los tres tenían la mirada lasciva propia de un ninfómano empedernido. Un bombero, un policía y un indio se acercaban impasibles, deshaciendose de la poca ropa que vestían. El terror se apoderó de él y sin tener muy claro hacia donde, corrió mientras emitía un grito de desesperación y miedo.

Detrás de él, sus perseguidores avanzaban deprisa al ritmo de la música, contoneándose y excitándose más a cada paso que daban.

Paul oía tras de si sonidos guturales ininteligibles.

- Guapaaaa! Quítatelo todo!

- Vaya pompis!

- Eso es un culo, tio bueno!


Aquellas proposiciones tenían un claro motivo desmoralizador, aunque Paul no las entendió así, acrecentándole notablemente su autoestima. Le hicieron pensar que quizá poseía un buen trasero, tal y como le decía su madre de pequeño.

(Flashback chungo)

-Un culo curvado hacia dentro también es bonito hijo mío, no llores. Solamente es una belleza…distinta.

-Mama, yo no quiero un culo cóncavo!- apuntaba él entre sollozos.

(Fin del flasback chungo)

El pánico le aceleró el pulso peligrosamente con aquellos cuerpos hercúleos a la zaga. No aguantaría mucho más. Sus piernas fijaban el rumbo, mientras sus ojos no se apartaban de sus perseguidores. ¿Y qué es lo que ocurre cuando uno no mira por donde va? Que acabará yendo mal…muy mal.

¡Poounparapounpounnpaunn! Paul cayó a plomo rodando sobre la moqueta.

Despatarrado en la alfombra, recordó que en su bolsillo izquierdo guardaba una píldora de suicidio. La sacó y la colocó bajo su lengua, intentando evitar así que esos tres fornidos hombres que se acercaban rápidamente pudieran abusar de él cual muñeca hinchable. Serio, con la mirada vidriosa, tragó la pastilla.

¡Oh, no, error! Era una gragea de Sensor Recall (PICA AQUÍ), y no de suicidio. ¿Cómo podía haber cometido semejante fallo? ¿En qué estaba pensando? Las grageas de Sensor Recall, de laboratorios Bayer, eran unas pastillas que permitían ver y experimentar sucesos pertenecientes al pasado.

Así, mientras se lo beneficiaban, Paul podía verlo todo dos veces, en primera y en tercera persona, incluso una vez hubieron terminado, el tuvo que seguir “disfrutando” del último acto. Estaba seguro de que durante años aquel episodio le iba a producir terribles pesadillas.

Despertó maniatado, sin pantalones y con un dolor “internalgal” insoportable. Tenía una nota bien agarrada en el interior de su puño cerrado.

“Eres un tigre, llámame. XXX. Deborah.”

Se levantó penosamente, con dificultad. Durante unos instantes intentó relajarse, como queriendo volver a tomar el control de la situación y de sus actos. Pero el destino parecía estar mofándose de él cuando sintió la presencia de alguien a su espalda. Instintivamente giró la cabeza para mirar hacia atrás y allí estaba él. Un Pacificador I le miraba desde su posición privilegiada. Al percatarse de su situación se sintió algo tranquilizado por estar arrestado. Por fin podría salir de aquella puñetera casa maldita, habitada por depravados.

- Vaya, vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?

Dos metros y cuarenta centímetros de alienígena de piel grisácea se cernían sobre él.

- ¿Parece ser que hoy los ladronzuelos queréis hacerme trabajar más de lo habitual eh? Ni si quiera sois capaces de elegir una jodida casa sin alarma. Qué inútiles. Si hasta os ponen carteles de aviso.

Y con esas palabras le agarró del cuello y lo arrastró de vuelta por el colón para meterlo en su furgocóptero. Las manos del pacificador, de textura cartilaginosa similar a la de un delfín, se hicieron firmemente con el timón de la nave, elevándola en el aire de inmediato. La situación empezaba a ser preocupante.


1: Personaje basado en un ser humano real xD. Hay videos que corroboran lo de las columnas.

2: Un Alecop es una especie de ordenador muy primitivo para practicar. El problema es que siempre funcionan como el culo. Esta frase está inspirada en otra muy similar (casi me mata un Alecop) pronunciada tras estar manipulando uno de ellos cuando estaba enchufado a la red eléctrica.

3: Nosotros tampoco le encontramos sentido.

4: Una profesora de Sistemas operativos de la universidad de Albacete le dijo textualmente “cada vez que te veo me pones enferma” al ser humano en el que Peter está basado.

martes, mayo 23, 2006

Capítulo 2

LEYENDA: GoN - Pau

- ¡Laila16 preséntese inmediatamente ante el sargento Thomson! – anunció la megafonía.
- Otra vez no – murmuró con tono de preocupación.
Era la tercera vez que le llamaban al orden esa semana, pero aquel día no tenía claro por qué. Había tantas opciones por las cuáles uno podía ser arrestado…

Laila16 era un pseudoser de rango 8, un SveNziger, de pelo amarillo-pollo fluorescente, y de antenas color turquesa. Su especie estaba destinada a la práctica pero odiosa esclavitud.

Una jerarquía estrictamente establecida servía de organización social en el universo. En la cima de la pirámide estaba situada la raza G2734, de ridícula estatura, pero magnífica inteligencia. Los G2734sianos gobernaban el universo apoyándose sobre otras siete razas Pacificadoras, nombre que adoptaron tras la formación de la coalición intergaláctica. Cada una de ellas realizaba una función determinada bajo las órdenes de su estrictamente superior. Así, los Pacificadores I se encargaban de acabar con los delitos menores, como violencia planetaria interna o saqueos a pequeñas colonias, siguiendo las instrucciones que recibían de los Pacificadores II. De esta manera se distribuían las tareas necesarias para controlar la inmensidad del universo.

Este sistema surgió como respuesta al caos que reinaba en la mayoría de los planetas desarrollados, en donde la única manera de sobrevivir era uniéndose a un clan
o siendo productor de cebolla al por mayor. En medio de esta situación, los G2734sianos se jugaron el universo a una UNICA partida de mus, a sabiendas de sus dotes en el juego. Para esta tarea, solo podían elegir al mejor, por lo que PAM (el Puto Amo del Mus) era el candidato perfecto. De él dependía que la raza G2734 dominara el universo.
Un chico tímido, callado y de ingente ambición, que había perdido solo una partida de cartas en su vida, por razones desconocidas.

Tras ganar el juego, estos seres se dedicaron a reunir varios ejércitos (los futuros pacificadores) que fueron tomando el control y “pacificando” con un ímpetu brioso, propio de las milicias, todos los planetas a los que iban llegando. Como todo gobierno impuesto por la fuerza, éste era totalitario y despótico. Su tiranía había hecho de la vida un infierno.

Ser de rango 8 le resultaba deprimente. Significaba que de cada mil individuos, Laila era considerado inferior a 992, lo que significaba que solo estaba por encima de algunos organismos unicelulares (que no todos) y de algunos hongos desconocidos. Si hubiera un incendio y se quedara atrapado con un Bonsái, es muy probable que la pequeña planta japonesa fuera rescatada primero.

Oteó a lo lejos la figura del sargento, sólo, en el centro del enorme campo de entrenamiento. Sus escamas centelleaban bajo el sol cálido de la mañana. Impresionaba aún a tanta distancia.

Aterrorizado, fue repasando los motivos que le podían haber llevado a esa situación y rezaba porque no fuera el peor de ellos.

- No puede ser, nadie me vio, fue un accidente… - mascullaba.

El pequeño general Low había entrado a las letrinas para hacer… lo que se suele hacer en las letrinas, con la mala suerte de acceder a ellas en el mismo instante en el que Laila16 salía.

De todos era sabido que Laila era algo torpe y despistado, pero nadie se habría imaginado que su estupidez pudiera llevarle a pisar y aplastar accidentalmente al nimio Low y a tenerlo pegado a la planta de su peludo pie derecho durante horas, hasta bien entrada la noche, cuando con la intención de lavarse sus repugnantes pezuñas, lo halló enredado entre los pelillos ondulados. Low estaba aplastado, con la boca abierta, repleta de vellosidades, denotando las intenciones fallidas de gritar a su agresor. ¿Murió aplastado o quizás ahogado por lana rizada amarilla-pollo? Incógnita indescifrable que rodeará para siempre la trágica defunción del general. Pero lo que seguro que nadie podría concebir, si quiera sugerir, es que, al darse cuenta del terrible accidente, sería capaz de despegarlo cual chicle usado y de tirarlo al incinerador de residuos de su barracón.

Esta reminiscencia le trajo a su memoria otra peripecia, ocurrida la primavera pasada, haciéndole sonreír unos instantes. Era época de puesta de huevos SveNziger, cuando unos cuantos individuos cayeron “accidentalmente” en el triturador de basuras. Pero esa era otra historia de la que ya habían culpado a otros, por lo que no tenía que inquietarse. “¡Qué primavera mas buena!”, pensó, “medio barracón acabó troceado. Las hormonas que se vuelven locas en la temporada de cría.” La sonrisa se desvaneció de su cara al vislumbrar de nuevo al radiante Thomson.

Avanzó con paso lastimoso hasta estar frente al sargento. Saludó con gesto firme pero manos temblorosas, mientras intentaba esgrimir un plan para librarse de una muerte segura.

- Laila16 ¿En qué estaba pensando pedazo de bola rellena de mier…?
- Esto, yo no quería – le interrumpió – F..fue un accidente, s…señor. Fue culpa de mi compañero, yo no quería pisarlo… - balbuceó a punto de desfallecer.

miércoles, mayo 17, 2006

Capítulo 1 – Comienza la evasión.

LEYENDA: GoN - Pau

La noche ya había caído en Lostown. Un silencio, roto solo por el aletear de los buitres, se había hecho con sus solitarias y oscuras calles. Por doquier, cadáveres desmembrados. Una masacre.

Cuidadosamente, una sombra se internaba entre los muertos, como pez en el agua. Un trabajo arduo el suyo. Paul era el encargado de recopilar los cuerpos. Debía buscar todos los miembros de cada cadáver, desperdigados por aquel antiguo campo de prisioneros, para ser repatriados a sus respectivos lugares de origen. A eso se dedicaba desde hacía 6 años, cuando se recuperó la esclavitud.

Pero ésta vez no podría mantener la frialdad habitual con la que llevaba a cabo su cometido. Fijó la vista irremediablemente en un rostro, una cara conocida. Una sensación de nausea zarandeó su cuerpo al verla. Ella, que tantas veces había anunciado un futuro apocalíptico, ahora no era más que una cabeza tirada en el suelo.

Sintió un infinito desconsuelo al verla ahí, desmembrada. A su memoria vinieron dulces recuerdos de una época mejor, en la que ambos compartían una complacencia infinita. La verdad es que él ya sabía que era muy probable que Maria hubiera muerto, pero hasta ese momento, en el que vio la testa seccionada, siempre mantuvo cierta esperanza.

Desde la invasión alienígena del 3023, Marte era un infierno…

Paul cogió el rostro de María entre sus manos y le cerró los ojos cuidadosamente. La sangre reseca se adhería a su piel mientras un tierno gusanito asomaba por la boca putrefacta. Paul, impertérrito, dio un último beso a María. Vislumbró la posibilidad de una última sesión de sexo oral y a pesar de que el gusanito le hizo declinarla en un primer momento, finalmente se deshizo de reparos durante unos instantes, haciendo realidad sus deseos.

Tras el acto necrófilo, Paul comenzó a sentir un picor extraño. Un dolor agudo avanzaba por su entrepierna, extendiéndose por todo su cuerpo. Se percató del enorme error que había cometido follándose la cabeza de María ya que si los alienígenas detectaban que había enfermado lo utilizarían como apuesta en una de sus partidas de mus intergalácticas.

Envidar ya no era moco de pavo. Quedaron atrás garbanzos y bolitas de papel, evolucionando a genitales y médulas espinales. Los invasores tenían especial interés en los desmembramientos y disfrutaban manteniendo con vida al humano hasta la definitiva decapitación.

Así que solo quedaba una solución, escapar a la Tierra. Varios problemas tenía el nostálgico pervertido Paul. A parte de estar maltrecho y enfermo, su bici aerodeslizadora no tenía combustible por lo que le urgía encontrar cebollas como fuera para usarlas como carburante. Además tampoco podía prescindir de una botellita de O2 y otra de whisky para el viaje, que en bicicóptero duraría unos mil años, año arriba, año abajo, los cuales debía pasar hibernado.

Pero, ¿qué le esperaría en su llegada? La última vez que estuvo en la Tierra, ésta se había convertido en un caos después de que la luna perdiera el equilibrio precipitándose contra América del Norte. El golpe había sido tal, que la tierra había cambiado su órbita. Ahora tardaba 19 meses en dar la vuelta al sol y las temperaturas habían descendido 170 grados, grado arriba, grado abajo. Hacía un frío de cojones.

Con la entrepierna dormida, Paul se dispuso a buscar un kilito de cebollas. Cavilando, recordó que su amigo “Fresón Salido” travesti habitual y pervertido sin igual, guardaba con cariño una bolsita de cebollinos que le regaló su abuela hacía años. Robar es una palabra muy fea, un pequeño hurto de hortalizas con gran valor sentimental no significaba nada.

Salió del campo de prisioneros apoyándose en las paredes. Las fuerzas escaseaban pero su destino no estaba muy lejos. Cuando llegó a casa de Fresón recordó que a éste le encantaban las entradas traseras y al diseñar su casa lo había plasmado a la perfección. Una puerta siempre abierta con forma de ano gigante parecía invitar a todo que pasara por allí a entrar y echar una “canita al aire”.

Un suave olor a ajo puso en alerta a Paul. Como todo marciano sabía, el ajo, no la cebolla, era el combustible principal de los cyborgs. ¿Qué habían hecho con Fresón? Probablemente la red de mus intergaláctico le había secuestrado. Las cazas aleatorias habían aumentado considerablemente en los últimos meses. En un primer momento pensó en rescatar a su amigo, pero viendo el ano gigante que tenía ante sí, descartó la idea ipsofacto. Un robo de cebollinos congelados debía de ser limpio. Solo restaba entrar en la casa… a través del ano…

Paul, el viajero intergaláctico.

Éste es un proyecto que nace como consecuencia del aburrimiento monumental que producen las clases de programación declarativa. En una de ellas, Paula y yo decidimos empezar a escribir una historia juntos. Pero no coordinándonos para componer un escrito común, sino combinando sus párrafos con los míos. Así, cada uno escribía un trozo de la historia para que el otro continuara. No contentos con eso, decidimos además hacerla lo más absurda posible e intentando plagarla de humor negro. Así nacía Paul, un muchacho cualquiera obsesionado con cabezas (ver capítulo de uno para descubrir las raíces de esa obsesión) que se verá obligado a viajar por todo el universo, encontrando a su paso a toda clase de personajes de lo más variopintos y patéticos. Podréis conocerlo semana a semana, con la publicación de un nuevo capítulo cada miercoles (si es posible).

Y para que podáis comprobar el grado de desviadez de cada uno, escribiremos de distinto color sus fragmentos y los míos (no me preguntéis cuáles son porque yo no los distingo xD).